Alfaraz

La majestuosidad que renace en burbujas

Hay parajes que no se nombran, se veneran.
Alfaraz es uno de ellos.

Un lugar icónico en Campo de Criptana, un trozo de historia que respira entre las viñas y las huellas del tiempo. Allí, donde la llanura se abre como un manto interminable, vivió un hombre cuyo nombre se grabó para siempre en la memoria de nuestra tierra: Ramón Alfaraz y Medrano, Marqués de Torre Mejía, primer presidente de Vinícola Manchega y uno de los visionarios que dieron origen a lo que hoy es Vinícola del Carmen.

Nombrar nuestro espumoso Alfaraz es tender un puente entre siglos; es honrar la raíz, la primera cooperativa nacida en 1896, y celebrar que aquella esencia sigue viva en cada botella.

La herencia que corre libres como un caballo árabe

Pero Alfaraz no es solo un lugar.

Es también el nombre que llevaban los caballos árabes de las antiguas tropas: criaturas nobles, imponentes, de porte elegante y alma indómita. Un animal cuya belleza no necesitaba explicación… solo admiración.

Ese espíritu —fuerte, limpio, majestuoso— es el que inspira a nuestro espumoso.

Porque hay vinos que avanzan como corceles: ligeros pero poderosos, suaves pero inolvidables, libres pero llenos de alma.

Así es Alfaraz.
Así queremos que sea cada sorbo: una carrera luminosa, una elevación, un vuelo.

Alfaraz

El espumoso que convierte lo nuestro en extraordinario

La uva Airén, tan propia, tan nuestra, tan manchega, se viste aquí con algo inesperado: burbujas que despiertan su alma más fina y alegre. El método Charmat le añade viveza, frescura, delicadeza. Como si en cada botella hablara el viento de la llanura… y también el relincho vibrante de aquel caballo árabe cuyo nombre no se olvida.
Este espumoso no es una moda. Es una reivindicación.
Es demostrar que lo autóctono puede ser sublime. Que la tradición puede convertirse en celebración. Que el Airén —nuestra uva de siempre— es capaz de brillar con la majestuosidad de un animal legendario.

Así se siente Alfaraz

Se siente como un destello dorado entre molinos.
Como un brindis por quienes trabajaron la tierra antes de que existiéramos.
Como un homenaje silencioso a los fundadores y a los sueños que nunca se apagan.

Sus burbujas suben como ascendían las antiguas historias:
lentas, constantes, elegantes…
hasta estallar en boca con una pureza que recuerda a la libertad.

Alfaraz no es solo un espumoso.
Es la memoria de un paraje, el honor de un nombre y la majestuosidad de nuestra tierra
convertida en celebración.

Un caballo que no galopa…
Brinda.